La afirmación de que el hecho de que los hospitales sean gobernados por políticos mejora la calidad es tan falsa como sin sentido. A los hechos nos remitiremos, en los últimos años se han cerrado clínicas privadas, concertadas o no, al menor asomo de problemas en su funcionamiento. El consejero de turno, fuera del partido que fuera, no ha tenido ninguna duda en cerrar preventivamente y atribuirse el merito de su valor.
¿No ha ocurrido nunca nada en un Servicio de algún hospital público que mereciera su cierre en todo este tiempo? La respuesta es si y los que trabajan en ellos lo saben. Pero ningún consejero va a reconocer que un hospital público no funciona. A pesar de que no existe ningún control de calidad y de que buena parte del personal facultativo no puede acreditar haber realizado ninguna formación desde que se instaló en su plaza.
Pero hay un pacto entre partidos. El que está en la oposición nunca aprovecha los desastres que periodicamente ocurren en los hospitales (contaminaciones que no deberían haberse producido, programas de trasplante con resultados catastróficos, servicios de cirugia con mortalidad escalofriante, por poner algunos ejemplos) porque eso sería como reconocer que este no es el mejor sistema sanitario del mundo, o sea, la realidad.
Claro que dentro de una autonomia, ¿en que sitio se pueden colocar más amiguetes que dentro de la sanidad?
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